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sábado, 23 de julio de 2011

Peskacor en Galicia: 2

El domingo nos esperaba una nueva jornada en el río Masma.
Como Juan Alfonso no estaba al 100%, Miguel y yo fuimos los encargados de acometer la tarea de pescar, mientras nuestro compañero no se perdería detalle desde la orilla.
Justo donde comenzamos, localizamos a una buena trucha que se puso a resguardo de nuestras pretensiones y mientras dábamos los primeros pasos por este tramo, hizo acto de presencia un guarda. Tras pedirnos la documentación y comprobar que los señuelos utilizados eran los adecuados, aproveché para preguntarle sobre el caso de las truchas muertas que recogí días atrás, en mi localidad.
La larga charla me valió de mucho, pues ahora sé que en un caso como ese, sólo las pruebas de los agentes tienen valided, pero a título personal, puedo presentar las pruebas junto a un escrito, en la Xunta.
Era hora de comenzar con la jornada y para ello descendimos por una orilla hasta el cauce.
Hoy optamos por comenzar con la técnica de spinning, ya que nos permitiría conocer una buena parte del tramo.Al igual que las jornadas anteriores, el río presentaba un magnífico aspecto.
La vegetación guardaba celosa el cauce por el que ahora nos movíamos, pero debíamos hacerlo con cuidado, pues Juan Alfonso estaba al acecho con su cámara.Tras unas picadas fallidas, inauguré el marcador de la jornada. Una truchita joven nos anunciaba que la actividad había comenzado, por lo que aprovecharíamos el momento para intentar sacar algunas más.Miguel tuvo algún que otro problema con el carrete, ya que cada cierto número de lances se le provocaba una "peluca" en el monofilamento.
Cuando se producía este hecho, aguardaba pacientemente por mi compañero, pero sin parar de pescar jejeje. ¿Acaso vosotros no haríais lo mismo? ... Me temo que sí, jejeje.Habíamos tenido varias picadas antes de que Miguel comenzara con los problemas técnicos.
No nos lo ponían nada fácil las truchas y entonces me pregunté si no hubiera sido mejor haber pescado con mosca.La picada fallida de una trucha algo mayor que las anteriores provocó que clamase al cielo por mi mala fortuna.
Pero al abrir los ojos admiré el dosel bajo el que caminábamos. Apenas había un resquicio por el que la luz pudiese acceder para sentarse sobre las pizarras y poder regocijarse con la dulce melodía de unas aguas que discurrían alegres hacia el mar.
La pugna arbórea entre alisos y fresnos pasaba desapercibida para nosotros, pues nuestro deseo era el de admirar a los moradores del río.En una zona de rápidos localicé una ventana de aguas calmas, en la que intuía una trucha.
El lance milimétrico hizo que un salmónido se abalanzase sobre el inanimado artefacto, antes de que este comenzase a cobrar vida. Y como la picada fue bastante lejana, me pude recrear un poco más con la captura.

Avanzamos hacia nuestro destino, con la incertidumbre de si los peces tendrían compasión de estos dos seres bípedos que se movían torpemente en un medio que no era el suyo.
Y entonces alcanzamos una zona en la que había una gran roca que emulaba a Moisés, pues separaba las aguas en dos.
Junto a un tronco, localicé una tímida cebada, pero antes pescaría en la parte derecha, pues era la orilla por la que iba caminando.Miguel había aprovechado un tiempo muerto para orinar y lo cierto es que este hecho desencadenó en mí el mismo deseo, pues ya llevábamos bastante tiempo pescando.
Esperé cortésmente a que Miguel se acercase, para que fuera él quien pescase el lado izquierdo del río.
Ejecutó un lance corto y un pez no dudó en atacar el señuelo. Este sólo pudo dar una cabriola, antes de que Miguel lo introdujese en la sacadera.
No presté mucha atención a la captura, pues quería lanzar en el lugar donde había visto la cebada, pero Miguel se extrañó y exclamó: !Qué trucha tan plateada¡
Me acerqué y tras una efímera observación, le dije: !!Es un reo¡¡.
Le comenté a mi compañero que su rapidez, no permitió que el pez se luciera, pues estos suelen dar unos saltos impresionantes cuando están prendidos en el anzuelo.
Le di mi felicitación, pues no me esperaba encontrar a un reo de entrada a casi 30 kilómetros del mar, y proseguimos pescando.Y como Miguel aún estaba asimilando la captura de una nueva especie, hice un lance en el mismo lugar donde había capturado el reo. Y en esta ocasión, yo capturé una pintona que se soltó en la grieta de la roca que estaba en medio del cauce. La grieta comunicaba con el río por ambos lados, así que en un solo gesto, solté mi equipo e introduje ambas manos en la grieta, para evitar la posible huida del salmónido. Al juntar las manos en la grieta, pude palpar el cuerpo de la trucha, así que la saqué de su escondite para fotografiarla.Seguimos avanzando y me preguntaba qué estaría haciendo Juan Alfonso, pues en una de las orillas tuvo que dar media vuelta ante la imposibilidad de seguir caminando, a causa de la vegetación.
Volvíamos a contemplar zonas tan bellas que se quedaban por un instante en la retina, antes de que el cerebro pudiera procesar tal cantidad de matices. Olores, sonidos e imágenes que manaban de nuestro alrededor y que nos evadía del estrés de la vida cotidiana.El sol comenzó a vencer en el asedio a la capa de nubes que hasta aquel entonces ganaba la batalla por el dominio del cielo.
Y este hecho, en el que el astro rey envía haces de luz sobre todo lo que se encuentra bajo su visión, parece que animó a los peces a picar en nuestros estériles señuelos.El juego de la pesca volvía a retomarse. Nosotros acechábamos a las truchas y estas hacían lo propio ante nuestros señuelos. Pero antes de que pudieran darse cuenta de que se trataba de un burdo engaño, estas ya venían de camino a la mano del pescador.Divisé en la lejanía un gran pozo de aguas calmas. Quizás allí nos estuviese aguardando la captura de la jornada, por lo que ralentizamos el ritmo para ir estudiando la estrategia a seguir.
Peinaríamos concienzudamente las corrientes hasta las proximidades y luego contemplaríamos la manera de lanzar en el pozo desde una u otra ubicación.En las corrientes capturé este pinto de salmón y aproveché para comentarle a Miguel rápidamente las diferencias más notables con las truchas.
- Los puntos rojos suelen estar dispuestos a lo largo de la línea lateral en el pinto y dispersos en la trucha.
- La aleta anal es de un tono variable, mientras que en la trucha presenta las franjas blanca y negra.

- Las aletas pectorales están insertadas antes del final del opérculo y son bastante largas. Por el contrario, en la trucha son más cortas y estas comienzan después del final del opérculo.

- La aleta adiposa suele ser oscura en el pinto, pero en la trucha suele tener colores rojizos, incluso con puntos.
- El opérculo presenta entre 1 y 3 pintas negras, mientras que la trucha tiene algunas más.

Existe alguna diferencia más en el ojo y en el pedúnculo caudal, pero estas son las más significativas para mí.

Una vez llegamos al pozo, fuimos observando con detenimiento por una de sus márgenes. Localicé un reo de porte fabuloso, que se desplazaba hacia una raíz sumergida y entonces decidimos prospectar el pozo, pero no hubo resultados positivos.En vista de la hora que era, salimos del río para volver por la carretera. Tuvimos que sortear algunos pastores eléctricos, hasta acercarnos a la vía y por el camino cogimos unas manzanas, para ir matando el gusanillo. Lo cierto es que nos supieron a gloria.
Caminando por la carretera, estas vacas y un ternero nos observaban con detenimiento. Debieron pensar que nuestro lugar estaba junto al río y no sobre el cauce de asfalto sobre el que nos movíamos, pero es más rápido caminar por un terreno estable, que por una orilla con abundante vegetación.Pasamos un puente y volvimos a pasar junto al río. Divisamos varios peces y decidimos hacer un alto para comprobar la predisposición de estos.
Al poco de comenzar, clavé este pinto y poco después miré una buena trucha, buscando cobijo entre la vegetación acuática.Reanudamos la marcha y nos encaminamos hasta el lugar de partida. Por el camino pasamos junto a un pequeño núcleo de casas, con los tejados de pizarra.
Es algo muy típico de la zona, pero para nosotros era llamativo, pues la teja es más utilizada en nuestros lugares de residencia.Mientras caminábamos por la carretera, localicé varias plantas de fresa silvestre. Ejemplares aislados que se extendían a lo largo de un buen trecho, pero entonces alcanzamos un talud tapizado por esta especie. Comenzamos a disputarnos los deliciosos frutos, que reuníamos en la palma de la mano, para luego ingerir todos juntos. !!Menuda gozada¡¡
Al principio era un poco reticente por encontrarse al lado de la carretera, pero unas cuantas bastaron para rememorar los tiempos de la infancia en los que los buscábamos con ahínco en lugares sombríos y húmedos.Al final su degustación ralentizó nuestra marcha, pero son lugares bastante infrecuentes por lo que tuvimos que aprovechar el momento.
Con las manzanas y las fresas silvestres ya habíamos roto el ayuno desde la mañana.Llevé a mis compañeros a un lugar que conocía de otras jornadas de pesca por la zona.
Se trataba del "Mesón O Pipote".
Tras un buen rato decidiendo el menú, Miguel y yo optamos por la fabada y el corzo, mientras que Juan Alfonso combinó este último con una ensaladilla.
Las fabas de este lugar tienen una reputación más que merecida y dimos buena cuenta de ellas. En cuanto al corzo, era la primera vez que lo degustaba y lo cierto es que me resultó muy agradable en el paladar.Mientras degustábamos el suculento mamífero, Juan Alfonso percibió algo de una consistencia mayor que la de la carne.
!!!!Una posta¡¡¡¡
Mis compañeros, que también son aficionados a la caza, me comentaban que las postas estaban prohibidas, pero yo no lo sabía a ciencia cierta.
Pusimos punto y final a la velada con los postres y el café, y de allí nos fuimos a reposar la comida para luego volver al río en compañía de Pablo.Por la tarde repetimos Miguel y yo en la parte final del tramo. Esto nos permitiría conocer el resto del tramo y probar suerte en una zona un poco más asequible para la mosca.
Pablo y Juan Alfonso lo intentarían en la parte baja.
Al encarar una tabla sin muchos árboles en las orillas, contemplé como un pequeño grupo de golondrinas comía insectos en la superficie del agua y supongo que también bebían agua del río.
Digo esto último porque a veces se precipitaban sobre una zona en la que aparentemente no había insecto alguno. El caso es que el momento fue de lo más espectacular.
Sin embargo los peces no parecían mostrar signos de actividad.Al cabo de un buen rato, miré a mis espaldas y observé como Miguel estaba liberando una trucha. De alguna manera había roto la mala racha.
Y la fortuna me permitió tomar la instantánea, con un mirlo acuático volando velozmente hacia su cazadero.
(Si ampliáis la fotografía, lo podéis ver en el centro de la parte izquierda de la fotografía)Seguí el vuelo del ave hasta que lo perdí de vista y entonces avisté a un pescador pescando por encima de nuestra posición. Puse al corriente a Miguel de este hecho y decidimos ir a hablar con él.
El pescador también estaba pescando a mosca por lo que le sugerí que podíamos caminar unos 400 metros río arriba y retomar la pesca.
Sin embargo el pescador nos dijo que podíamos empezar mucho antes, pues él ya iba a concluir su jornada. Nos despedimos y volvimos al río como nos había indicado.Supongo que llevar al pescador delante influía hasta cierto punto, pues no tardé en sacar la primera pintona de la tarde.
Esto me animó mucho, pues era el último día por estas tierras y tenía que aprovechar las oportunidades que los peces me brindaban.Con una Humpy casi destrozada conseguí ir engañando alguna pintona más.
Quizás la efectividad de esta mosca radique en su simplicidad, pues no tiene elementos demasiado complicados.Había perdido de vista a mi compañero, pero sabia que estaba más atrás de donde yo me encontraba, por lo que estaba tranquilo.
Divisé el puente que marcaba el final del tramo justo cuando Miguel me alcanzó.
Pescamos juntos estas últimas pozas y así ya bajaríamos hacia el coche los dos juntos.Me llamó la atención que en un fondo de lodo se veían unos puntos oscuros con una densidad muy alta. Me acerqué para observar de qué se trataba y entonces me quedé boquiabierto al comprobar que se trataba de cientos de caracolillos.
Había visto esos moluscos en otros ríos, pero siempre en cantidades muy pequeñas. Aquí parecían estar de peregrinaje jejeje.Llegó la hora de marcharse, pues habíamos quedado con Pablo y Juan Alfonso, para tomar algo antes de cenar.
De camino al coche pudimos maravillarnos con las cumbres que fortifican el valle. Una visión sobrecogedora de un lugar con mucho encanto y del que nos despediríamos hasta otra ocasión.

Agradezco a Pablo su disposición para ayudarnos en la planificación de estas jornadas de pesca y decirle a Miguel y Juan Alfonso, que cuando quieran volver por esta tierra de verdor infinito, irrigada por mil y un ríos, tendrán las puertas abiertas.

10 comentarios:

  1. Me encanta.
    "Pero al abrir los ojos admiré el dosel bajo el que caminábamos. Apenas había un resquicio por el que la luz pudiese acceder para sentarse sobre las pizarras y poder regocijarse con la dulce melodía de unas aguas que discurrían alegres hacia el mar.
    La pugna arbórea entre alisos y fresnos pasaba desapercibida para nosotros, pues nuestro deseo era el de admirar a los moradores del río"
    Eso es poesía Josiño.
    Un abrazo y enhorabuena a los tres: Miguel, Juan Alfonso y tu.

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  2. Sin duda, poca gente puede relatar las jornadas tan bien como tu, y al ser conocedor de ellas se iba reviviendo perfectamente lo que leo.
    No hay nada que agradecer, siempre es un placer compartir una jornada y una buena charla contigo. A ver si nos vemos pronto otra vez y le damos caña a los basses.
    Saludos

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  3. Joerrrr Jose, pero que poeta estás últimamente, jejeje. Y es que, con aquellos paisajes, ¿a quién no le sale la vena poética?
    Me alegra ver que tu buena memoria no se ha dejado atrás prácticamente ni un detalle, pues cuando quiera rememorar algo de lo acontecido durante esos días, sólo tengo que pasarme por tu blog.
    Nuevamente, agradecerte tu generosa hospitalidad y que, por supuesto, cuando quieras nos vemos por Andalucía-Extremadura...

    Un abrazo

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  4. Que poético!!!

    Magnífica la entrada,al igual que la compañía, los lugares y la experiencia en general.

    Agradecerte que nos hayas regalado esta nueva experiencia de pesca y ya sabes, no hace falta decirte que aquí estamos para lo que necesites.

    Un fuerte abrazo Jose!

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  5. Otra buena entrada José, te estas poniendo el listón muy alto..
    Por cierto, dile a Miguel que tense el sedal de vez en cuando, a mí cuando se empieza a liar lo corrijo con un buen tensado.

    Un saludo.

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  6. Se hace lo que se puede Luis y yo lo he sentido así.
    Saludos.

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  7. Pablo, mi gran virtud es la memoria y pudiendo plasmar esos recuerdos en el blog, estos perdurarán en el tiempo.
    Saludos

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  8. Miguel, con estos calores no bajaré por vuestra tierra, pero el año que viene me tenéis como un clavo.
    Saludos

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  9. J Alfonso, para el año necesito pasarlo tan bien como este.
    Así que tú serás el primero requerido para dicha tarea.
    Saludos

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  10. Muchas gracias pescadicto.
    Yo le di un consejo al respecto y es el de dejar ir el hilo río abajo y luego recuperarlo con el hilo pasando entre los dedos, para que las vueltas que haya podido coger, se vayan quedando afuera.
    Saludos

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