viernes, 8 de junio de 2012

Dos nuevos bassmaníacos


Hace unos días Carlos y Sergio, se acercaron hasta el sur de nuestra comunidad, para intentar una pesca que querían probar desde hace algún tiempo. Y aunque las condiciones no iban a ser las mejores, las ganas de estrenarse con este pez eran muchas, así que ejercí de guía improvisado y puse a su alcance mis pocos conocimientos sobre esta especie, para que al menos tuvieran la posibilidad de tener al otro lado de la línea a uno de estos sensacionales peces.
Nada más llegar, pudimos ver algunos pequeños basses cerca de la orilla. Para mis compañeros ya era un sueño cumplido, pero evidentemente, no estábamos allí para mirar ... había que tocarlos.
Insistí en que debían aguardar un "eterno" segundo antes de clavar, pues sabía que al estar acostumbrados a capturar salmónidos, se precipitarían en la maniobra.
Carlos se quedó sorprendido con la capacidad de ataque que tienen estos centrárquidos y fue este el que se entrenó con la captura de uno de estos peces.
Su cara lo dice todo.
Entusiasmado, contento, feliz, jubiloso, anonadado, embelesado, serían unos de los adjetivos que pondría a Carlos en el momento en el que sostenía a un bass en su mano.
Se quedó prendado de su belleza y a buen seguro, de su lucha como pez deportivo.
El día se mantuvo con nubes en todo momento y yo quería ofrecerles la posibilidad de pescarlos a pez visto, ya que es una sensación que sólo se puede sentir en directo, por buena que fuera mi descripción.
La falta de luz hacía que los basses estuvieran un tanto apáticos, si bien pudimos ver unos cuantos de buen porte.
Quedaban unas dos horas para que Carlos se tuviera que marchar, así que puse en marcha el plan B.
Con este cambio de escenario, sabía que mis compañeros lo pasarían en grande, así que no nos demoramos más y nos fuimos a un nuevo emplazamiento.
Dicho y hecho.
Mientras Sergio terminaba de cambiarse, Carlos y yo nos acercamos al borde del agua. Entonces no tenía ni idea, de los momentos que nos aguardaban ...
1. Primer lance de Carlos al agua, un bass toma el vinilo, Carlos no se entera de que el bass ya tenía el engaño en la boca. !!Carlos, clava¡¡ Y falla, porque el bass ya estaba aburrido de chupar un trozo de plástico.
2. Segundo lance, el vinilo toca el agua, un bass lo ataca y Carlos clava con tal fuerza que el vinilo acaba donde la pelota del penalti de Sergio Ramos (En el espacio sideral) jejeje.
Le digo a mi compañero que clave con más suavidad, pues está muy cerca del agua. Que sólo debe esperar un segundo.
3. Carlos ejecuta un lance, otro bass se abalanza sobre el cebo ... y ahora si. Carlos clava y ya está luchando con un pequeño centrárquido, que desata toda su furia, contra aquel que está al otro lado de la línea.
4., 5., 6,. Carlos empieza a sacar basses como si lo hiciera de toda la vida. Qué alegría verlo disfrutar.
Me dice: -Jose, pesca tú.
La verdad es que fue una pena no haberlo grabado en vídeo.
Por fin llega Sergio y le digo lo mismo que a nuestro compañero: Espera un segundo y clava.
Las primeras picadas también lo sorprendieron, pero luego pudo hacerse con su primer bass.
Más alegría invadía la jornada.
Yo también fui quitando alguno que se encontraba entre la vegetación, por estar un poco más difíciles de localizar. Supongo que mucho tiene que ver la experiencia en este sentido.
De un lado para otro, mis compañeros no paraban de capturar basses y es que ahora con el sol en lo alto, la escena se observaba con todo lujo de detalle.
Carlos estaba poseído por una fiebre verde que lo hacía estallar de júbilo con cada captura.
Comentaba cada detalle: -!!Fíjate qué boca¡¡, !!Qué bonito¡¡, !!Cómo huele¡¡
Era una satisfacción para mí verlos a los dos disfrutando como niños.
Me mantuve más tiempo junto a Carlos, ya que él no pescaría con nosotros por la tarde y me parecía lógico concederle más tiempo.
Al más puro estilo americano, ataviado con una gorra de colores chillones, gafas de sol y caña en mano, Carlos posaba con sus capturas muy satisfecho con la experiencia.
Salieron bastantes basses en poco tiempo, lo que hizo que disfrutáramos en grande de esos momentos.
Algunos lances lejanos me recompensaron con basses de oscura librea y Sergio a punto estuvo de capturar uno de mayor tamaño que los anteriores.
Cuando la actividad cesó casi por completo, nos fuimos a tomar algo y de paso a despedir a nuestro compañero Carlos.
Por la tarde me fui con Sergio a un nuevo emplazamiento. Pero esta vez no tuvimos la suerte de cara, ya que las aguas turbias impidieron ver los basses con claridad.
Los pocos que pudimos ver, estaban muy recelosos, así que le propuse buscar zonas alternativas.
Nos internamos en el bosque a la búsqueda de otras masas de agua, pero el acceso se hacía imposible.
Volvimos al punto inicial y antes de marcharnos le quise mostrar un señuelo que aunque ha sido concebido para la peca del bass, creo que puede ser válido para la pesca de la lubina.


La jornada no dio más de sí, así que nos fuimos a un bar próximo en el que estuvimos un buen rato charlando de pesca y de futuras salidas.

martes, 5 de junio de 2012

Bajo un sol de justicia

Hace unos días tuvimos unas cuantas jornadas con un sol agradable que a buen seguro activaron el estado anímico del black bass.
Pero en esta jornada, la temperatura era un tanto elevada, lo que me hizo pensar en si acercarme o no, a pescar los bocazas.
Al final me decidí por ir, ya que en casa no sabría si tendría suerte o no.
El calor hizo que optase por pescar con una botas cortas, en vez de enfundarme el vadeador transpirable.
Nada más llegar a la orilla del embalse, decenas de gaviotas que descansaban a pie del agua, se echaron a volar. Esto me recordó a la famosa película de Hitchcock "Pájaros", solo que estas se alejaban de mí jejeje.
A pesar del alboroto que las gaviotas habían hecho en el agua, observé un pequeño bass junto a una rama hundida y me dispuse a capturarlo. Ante la presencia del señuelo, se abalanzó rápidamente sobre él y clavé.
Mientras lo desanzuelaba, miré un ejemplar mayor e inicié la misma maniobra. El bass tomó el señuelo sin recelo y clavé con decisión.
Este  comenzó a dar los característicos saltos fuera del agua, hasta que lo fui acercando a mi mano.
Una breve contemplación del ejemplar y de vuelta al agua.
Un poco más adelante, observé a otro bonito centrárquido, que se movía junto a unas ramas hundidas.
Este no atacó directamente el engaño, aunque parecía llamarle la atención.
Cambié de señuelo y lancé sobre una roca hundida ... la claridad de las aguas me permitían ver todo con nitidez ... cuando el señuelo abandonó la superficie de la estructura pétrea, el bass tomó el señuelo y yo respondí con un cachete.
Antes de que me diera cuenta, el bass buscó refugio en unas ramas hundidas y tuve que forzarlo a salir, luego se fue hacia otras ramas y otra vez a forzar su salida. Saltos y carreras, hasta que por fin pude sujetarlo.
Este presentaba una extraña cicatriz en el opérculo, que me llamó mucho la atención.
Lo liberé y proseguí con la pesca.
Las nubes comenzaron a ganar terreno en el cielo, aunque el calor se mantenía.
También el viento hizo acto de presencia, cosa que condicionó el tipo de pesca que quería hacer.
Saqué algún pez más, pero era bastante difícil localizarlos con el agua rizada.
Entonces decidí buscar una zona más abrigada, ya que al menos me libraría del molesto viento.
La quietud de las aguas permitían que la vegetación se reflejase con gran detalle, pero una gran cantidad de hojas en superficie hizo que no me animase a buscar peces en este tramo.
El sol volvió a aparecer por momentos y retomé la senda de las capturas. Estas ya de menor tamaño, pero igual de bravas en la lucha.
Algunas piezas salieron a bastante distancia, en vista que no localizaba pez alguno junto a las orillas.
Este no quiso posar para la foto y se sacudió con violencia. Esto le proporcionó su libertad, aunque la recuperaría de todas formas.
Aproveché la jornada para estrenar la camiseta que Manel me había hecho llegar días antes.
Aquí podéis verlas con más detalle (ENLACE).
Lo cierto es que me trajo suerte, porque saqué dos basses bonitos, que para el momento en el que se encuentran, no es cosa fácil.

lunes, 4 de junio de 2012

Un escenario muy técnico

Galicia cuenta con multitud de ríos y arroyos a lo largo y ancho de su geografía, pero son algunos de los segundos, los que suelen estar poco pescados, ya sea por su dificultad para llevar a cabo dicha tarea o porque no tienen una buena población piscícola.
En este caso Antonio y yo, nos desplazamos a un pequeño arroyo del que conocíamos apenas unos metros.
Esta vez íbamos con buenas referencias, pero el tramo lo elegiríamos en función de nuestra experiencia.
Para comenzar a pescar tuvimos que caminar un buen trecho a través del bosque, ya que algunas zonas de los márgenes estaban impracticables.
Finalmente entramos en el arroyo junto a un puente, ya que fue el único lugar cómodo en el que podíamos acceder con facilidad. Zarzas, saúcos y abedules se entrelazaban justo sobre la superficie del agua, lo que haría de vadear, toda una odisea.
 Afortunadamente aparecieron zonas más despejadas en las que fueron saliendo las primeras truchas.
Estas fueron de escaso porte, pero en las pozas más profundas podíamos ver otras mayores que no parecían mostrar interés por nuestras cucharillas.
Llegamos a una pequeña presa de hormigón y entonces pude ver algo espectacular ... varias truchas intentaban remontar el chorro de agua a base de formidables saltos.
Estuvimos un rato observando dicho fenómeno, pues es algo que no se mira todos los días.
Yo me mantuve fiel y pesqué con una pequeña cucharilla Panther Martin, mientras que mi compañero alternó alguna EDU, Koala y SAR.
Salieron alguna truchas de bella librea mientras seguíamos vadeando por el arroyo.
 Tras muchos minutos pescando, llegamos a un pozo demasiado profundo y tuvimos que dar marcha atrás para salir del arroyo.
Lo malo es que para volver al cauce, tendríamos que avanzar un buen trecho sin poder pescar.
Con cautela fuimos abriendo camino entre la tupida vegetación de ribera.
En una zona despejada, pude colocar la cucharilla a gran distancia, después de sondear las zonas próximas. El ataque de una trucha mayor a las anteriores me causó un gran sobresalto, ya que no me la esperaba en una zona tan somera.
 Era una trucha de bella librea que posó para la foto y acto seguido recobró su libertad.
Poco después capturé una algo más pequeña, pero en este caso no hubo foto.
Por un momento tuvimos algo más de actividad.
Entonces volvieron las zonas de maleza y hubo que echar mano de la máxima precisión, para poder sortear los distintos obstáculos.
Antonio con el lance de ballesta y yo con el de péndulo, fuimos ejecutando los últimos lances de la jornada.
Nuestras espaldas estaban resentidas, ya que en gran parte del trayecto teníamos que caminar agachados.
Mientras estiraba mi espalda, alcé la vista al cielo y me maravillé con la sombra de un anciano fresno.
Lo cierto es que pescar todo el rato amparados por la densa cobertura vegetal fue un alivio, ya que el día fue bastante caluroso.
De vuelta a casa paramos para hidratarnos y comer algo, y así dar por concluida una jornada más tras las truchas.

sábado, 2 de junio de 2012

Cuando la vida humana tiene precio

Llevo días leyendo cosas que me están preocupando de verdad y voy a expresar mi humilde punto de vista, y que seguramente, más de un lector compartirá.

Comenzó la cosa con la idea de que los pescadores de costa usasen chaleco, casco y un localizador: NOTICIA
En seguida me preocupé porque si a veces ya me resulta muy molesta la riñonera en la que guardo mis señuelos, más me resultaría llevar algunos elementos extra, que me pudieran restar movilidad.
Y es que a veces más vale poder movernos con agilidad, para librarnos de un mal trago.

En una ocasión pude perder a un compañero de pesca (ENLACE), mientras hacíamos lo que a priori se considera una afición. Los elementos que se recomiendan a día de hoy podrían ser útiles, pero este ha sido un caso aislado entre muchas salidas de pesca y creo que el habernos movido con rapidez, pudo evitar males mayores.

Para leer una buena reflexión sobre el tema en cuestión, os recomiendo que leáis la entrada (Carta a la Sra. Marisol Soneira), que el compañero Rober ha escrito en su blog.

Pero resulta que ahora se sacan de la manga algo que ya me parece abusivo:

La factura por una hora de helicóptero será de 556 euros.
Mar sostiene que no hay afán recaudatorio en el cobro de algunos rescates e insiste en que pretende reducir imprudencias.

Y por otro lado ...

Mar cobrará el rescate si un barco sale con temporal y se ve en peligro.
Justifica las nuevas tasas en que "pretende disuadir las imprudencias".

Ahora yo me pregunto ... si una persona muere en un desgraciado accidente pescando ¿Le cobrarán a algún familiar o le embargarán los bienes (si es que tienen) o qué tienen pensado?

En el caso de los marineros, habría que saber qué puede impulsar a un marinero a salir de pesca con un temporal, ya que un político en su sillón, metido dentro de su despacho, a buen seguro tendrá un sueldo más que aceptable, que le permita evitar tener que jugarse el tipo para llevar un sueldo para casa.

Profundizando en el primer tema, pienso en que si un día tengo un percance pescando, ojalá nadie llame a salvamento marítimo, porque si la cosa se complica y tienen que echar días detrás de mí, lo mismo tengo que trabajar toda mi vida para pagar la factura, si todo llega a buen puerto.

También pienso en que si un pescador se va a la costa a pescar, no es para jugarse la vida en ningún caso. Uno lo puede hacer por afición, otro por degustar un pez pescado por él mismo o por la razón que sea.
 Cada uno tendrá su motivo, pero si al salir por la puerta de casa supiéramos de antemano que vamos a padecer mientras hacemos la mayor pescata de nuestra vida, nadie iría de pesca ese día.

Como bien dice Rober en su escrito, mueren más personas de otros colectivos, que en el de los pescadores. La mayor parte de las veces, las desgracias van asociadas a temporales, por lo que si un año no es excesivamente malo en este aspecto, lo mismo nos ahorramos muchas páginas y minutos en las secciones de sucesos.

Si se tiene un servicio que salva vidas humanas, habrá que darle uso. Y más si se paga con los impuestos de esas personas que van de pesca, van a la playa, pasean junto al mar, bucean o recogen conchas en la arena.
Nadie está a salvo de una desgracia.

Si nos ponemos en ese plan, si una persona sufre un accidente de tráfico por exceso de velocidad y se queda atrapado ...¿se le cobrará por sacarlo de su vehículo? Estaba cometiendo una imprudencia.
Si una persona corre el riesgo de ahogarse, por estar fuera de la zona de baño ... ¿se le cobrará por auxiliarlo? Estaba cometiendo una imprudencia.

Y así una lista interminable de casos ...

Todos cometemos errores. Unas veces son imprudencias y otras veces, simplemente no pensamos que algo desgraciado pudiera ocurrir.

Lo que sí es una imprudencia, es que los políticos jueguen con nosotros, con gente que tiene que pagar hipotecas, que tiene que sacar a sus hijos adelante, que necesita un trabajo como sea para subsistir, etc.
Por esta imprudencia, quienes tienen que pagar, son los políticos y no nosotros.

!!! Basta ya de ahogarnos ¡¡¡

Lo más simpático de todo esto, es que en España se despilfarran miles de euros en cosas inútiles a diario. Miles de euros que valdrían para pagar el 100% de las horas de vuelo de los helicópteros de rescate de todo el país.

Que los políticos vendan los coches oficiales y se desplacen con el suyo propio. Que trabajen hasta los 67 años, para cotizar durante más tiempo. Que se supriman esas jubilaciones de miles de euros. Que se les permita un sólo empleo y no 2 ó 3 como algún político. Que se supriman todos los beneficios que tienen por sus cargos y que van encima de las arcas del estado (El dinero de todos y que manejan unos pocos).

"Si este es el futuro que nos aguarda, habrá que ir pensando en emigrar".

jueves, 31 de mayo de 2012

El primer bass de Pablo

El fin de semana pasado me había propuesto cumplir una promesa que le había hecho a Pablo. Esta consistía en conseguir que este capturase su primer black bass.
Las condiciones de la jornada no eran muy alentadoras, ya que a la climatología adversa, había que sumarle lo difíciles de engañar que estaban los basses.
Y además íbamos a pescar a pez visto, con lo que la jornada se me antojaba complicada.

La mañana empezó con algo de lluvia, pero no tardé en estrenarme con un pequeño bass. Luego llegaron momentos de lluvia intensa y de calma, pero sin llegar a ver el sol.
Fuimos recorriendo el perímetro del embalse, pero los basses más grandes no estaban por la labor de darle una alegría a mi compañero.

Tras una mañana nefasta, se acercaba la hora de comer, así que se me ocurrió que podíamos hacer una escapada fugaz a otra zona. Con muy poco material encima, pusimos rumbo al agua y le brindé a Pablo la posibilidad de estrenarse con muchas posibilidades.
En el primer lance observé que un pequeño bass tomó el engaño, pero mi compañero se apresuró en clavar, como lo haría con las truchas o los reos.
Le indiqué que tenía que esperar una fracción de segundo para clavar con garantías.
Y fue así como se hizo con su primer bass, que a pesar de no ser muy grande, se mostró muy batallador. Y por supuesto con una librea muy bella.
Y claro, una vez supo como clavar al centrárquido, ya todo fue más fácil. Así no tardó ni un minuto en hacerse con otro bass.
Mi compañero desbordaba alegría con cada captura, cosa que me llenó de satisfacción.
Pero como el hombre no sólo vive de la satisfacción de los demás jejeje ... me dispuse a realizar algunos lances.
Fue así como fuimos alternando capturas a buen ritmo. La densa vegetación dificultaba la recuperación de algún pez, pero por norma general, estos llegaban a nuestras manos para ser liberados.

Con varios basses en nuestra cuenta ya podíamos irnos a comer, para comentar la primera parte de la jornada.
Durante la comida hablamos de la lucha que presenta el bass una vez ha picado, de su bella librea y de algunos trucos para hacerse con ellos en distintas situaciones.
El sol se adjudicó la tarde y la luz invadió todo a nuestro alrededor, mejorando nuestras espectativas.
Cambiamos de escenario y aquí también triunfamos. Pero Pablo se dio cuenta de que engañar a un bass no es tan fácil como a priori se pudiera pensar. Y sobretodo si los basses ya son un poco grandes.
Salió alguno bonito, que puso a prueba el equipo de Pablo, ya que este llevaba un equipo ultraligero.
Yo me curé en salud, ya que sabía que en algún caso tendría que levantar el pez a pulso, por lo que mi equipo era algo más potente.
Desde una zona elevada podíamos ver que los basses también recelaban de nuestros señuelos, si bien la insistencia solía dar resultado.
Pablo se lo pasaba de miedo con los bocazas, que sucumbían a la lombriz de vinilo, mientras yo hacía lo mismo con un cangrejo de pequeño tamaño.
El desenlace de la jornada nos hacía olvidar la mañana tan difícil que habíamos tenido.
Seguimos peinando las zonas en las que todavía quedaban basses sin pinchar y volvimos a intentar capturar alguno de los que ya habíamos visto y que no hacían ni caso de nuestros señuelos.
Con la tarde ya avanzada capturamos los últimos basses de la jornada. Pero antes de partir, dedicaríamos unos minutos a explorar los alrededores.

La misión estaba cumplida; Pablo había logrado capturar su primer bass.
Ya sólo nos quedaba parar para tomar algo y poner rumbo a casa.

Desde este espacio, decirle a Pablo que cuando quieras repetir, sólo tienes que decirmelo. 

La jornada según Pablo.

lunes, 28 de mayo de 2012

La lubina y los visones

Este bien podría ser el título de una fábula, pero en este caso no tiene nada que ver.
Tocaba acercarse hasta la costa después de una temporada bastante irregular.
En esta ocasión fui con Marcos y las condiciones en principio iban a ser bastante buenas: cielo encapotado, vientos del sur y olas de entre 1.5 y 2.5 metros.
Elegimos una zona donde el mar no estaba demasiado fuerte y procedimos a montar los equipos y a enfundarnos los vadeadores.
Yo iba a estrenar unas cabezas plomadas que había comprado días antes, así que me coloqué sobre una roca alta y efectué el lance de prueba para ver la acción del señuelo.
El segundo lance lo hago con normalidad, alcanzando una distancia considerable ... cuando el señuelo había cubierto la mitad del trayecto, algo interrumpe su avance ... clavo con decisión y el pez comienza a dar potentes cabezazos que la caña amortigua sin problema ... todavía no veo al pez, pero intuyo que se trata de una lubina ... y tras unos segundos al fin la puedo ver entre la espuma. Bajo por las rocas y la pongo a buen recaudo.
  
 Una lubina de 1.1Kg que me hizo olvidar todas las lubinetas soltadas hasta la fecha.
Y esto no había hecho más que empezar.
Mi compañero y yo cambiamos de lugar y probamos suerte en el otro lado de la ensenada en la que nos encontrábamos.
Dejo la lubina sobre una roca y comenzamos a lanzar nuestros señuelos al agua. Durante un buen rato sólo Marcos nota una picada.
Cuando vamos caminando hacia la roca en la que había dejado el pez, exclamo !!!UN VISÓN¡¡¡
El muy canalla estaba intentando llevarse la lubina, así que me apresuro a coger la lubina con la mano en la que tenía la caña, mientras con la otra tomaba una piedra y emprendía la persecución del mustélido. Una carrera de unos 50 metros a gran velocidad, por encima de las rocas, en la que estuve a punto de alcanzar mi objetivo, si no fuese porque el visón logró ponerse a salvo entre unos bloques de piedra.
Después me di cuenta de que el visón americano había comido una pequeña porción de carne de la lubina.
La proliferación de esta especie en nuestra comunidad, se la tenemos que agradecer a los "pseudoecologistas" que provocan sueltas masivas de algunas granjas peleteras, haciendo un flaco favor a las especies autóctonas. Creo que sería más sensato concienciar a la gente para que no compre este tipo de artículos, pero cada uno tiene su punto de vista.

Recuperado del sobresalto, retomamos la pesca.
 Bastaron pocos lances para que la caña de Marcos se curvase, anunciando una nueva captura.
 Intenté grabar un vídeo de la captura, pero para cuando tenía la cámara en la mano, mi compañero ya había puesto en seco al pez.
 Se trataba de un precioso pinto que también sucumbió a los encantos del vinilo.
Mi acompañante y yo hicimos unas fotos, para acto seguido proceder a su liberación.
Cuando me doy la vuelta, exclamo por segunda vez !!!UN VISÓN¡¡¡
Otro mustélido se había aprovechado de nuestro despiste para intentar hacerse con mi lubina.
 Ante tal descaro decido dejar el pez encima de una roca y hacer una espera con un par de cantos rodados en las manos.
Pero debe ser que si los visones no ven al pescador, no salen a husmear, ya que después de un buen rato esperando, ninguno hizo acto de presencia.
 A partir de ese momento todo fueron risas, ya que tenía que pescar con un ojo puesto en el mar y otro en la lubina.
Lo intentamos en otras zonas muy prometedoras sin resultado.
 Cambiamos a un lugar en el que el mar rompía con más fuerza. Aquí me llevé una buena mojadura a causa de una ola, pero por suerte el vadeador, la chaqueta y la gorra hicieron de parapeto y el agua no llegó a mojarme más que la cara y las manos.
 Nos desplazamos una vez más hasta una zona de más profundidad en la que sentimos sendas picadas que no llegaron a materializarse.
Con algo de cansancio acumulado, dimos por concluida la jornada y aprovechamos para ir a reponer fuerzas a un bar cercano.

jueves, 24 de mayo de 2012

Tentación verde

 NOTICIA: Nuevo decreto de pesca

Esta vez volvió a tocar pesca spinning tras los basses, ya que el tiempo del que disponía no era mucho.
Llegué al lugar elegido con el sol calentando y a diferencia de la jornada anterior, no había viento que me limitase a la hora de localizar a mis potenciales presas.
Mientras me cambiaba, llegó otro pescador, que no se puso vadeador o botas, por lo que entendía que iba a hacer una pesca cómoda en los lugares más accesibles.
Con todo listo me dispuse a localizar algún bass al que ofrecerle mis señuelos.
Observé a uno que se movía cerca de un árbol hundido y le ofrecí un vinilo sin plomar.
Al principio no hizo mucho caso, pero con una recogida más lenta se animó a picar.
Foto y al agua.
Un poco más adelante miré a un bass mayor junto a una roca. 
!!Este sí que iba a ser difícil¡¡
Miraba con cierto desinterés todo aquello que fue pasando por delante de su morro.
Aunque la pesca a pez visto a veces se torna difícil, la recompensa es mayúscula, al menos para mí.
La precisión en el lance puede ayudar mucho, pero ese bass no estaba por la labor, así que desistí y me fui a ver otras zonas.
Sin mas picadas en otros lugares, volví sobre mis pasos y me volví a ver cara a cara con el bass de antes.
Opté por ofrecerle un vinilo de un color diferente y entonces el pez mostró algo de interés.
Aún así no había manera de incitarlo a picar.
Probé entonces otra lombriz de vinilo y entonces vi como el bass la tomó en su boca ... cachete y ... !!¡ZAS¡¡¡
Una serie de saltos consecutivos para intentar librarse del anzuelo y luego otros más espaciados.
Al final pude sujetarlo en la mano y contemplar su bella librea.
Aunque durante la mañana sopló una ligera brisa, la superficie del agua estaba como un espejo en el que se reflejaban las montañas circundantes.
Estuve un poco más de tiempo intentando engañar algún pez más, pero me di cuenta de que la labor era bastante difícil.
Algunos basses buscaban cobijo bajo las ramas de los árboles y los que se dejaban ver en aguas despejadas, huían al menor ruido.
La visión de algún ejemplar grande me llamaba poderosamente, pero cambié de zona para intentar sacar algún pez en zonas menos castigadas, pues la presión de pesca influye bastante en el humor de estos centrárquidos.
En otras zonas los basses también me dieron esquinazo, así que di por concluída la jornada.
De camino al coche, una libélula que había sufrido la metamorfosis de la fase acuática a la fase adulta recientemente, se vino a posar sobre mi vadeador.
Las alas recién estrenadas aún no le proporcionaban la destreza para volar con soltura, pero una vez despegó, hizo un vuelo corto hasta unos helechos en los que aguardaría el momento en el que ya pudiera dominar los cielos.